César Milstein: el Nobel que nació en Bahía Blanca
El 8 de octubre de 1927 nació en Bahía Blanca el científico argentino más reconocido de la historia. César Milstein, hijo de un viajante ruso y una maestra bahiense, se convertiría décadas después en ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1984 por un descubrimiento que transformó la medicina moderna para siempre: los anticuerpos monoclonales.
Esta es su historia completa, desde las quintas del Parque de Mayo hasta el escenario de Estocolmo.
¿Quién fue César Milstein? Datos clave
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Nombre completo | César Milstein |
| Nacimiento | 8 de octubre de 1927, Bahía Blanca, Argentina |
| Fallecimiento | 24 de marzo de 2002, Cambridge, Inglaterra |
| Profesión | Bioquímico, investigador científico |
| Premio Nobel | Fisiología o Medicina, 1984 |
| Descubrimiento | Técnica de hibridoma / anticuerpos monoclonales |
| Esposa | Celia Prilleltensky |
| Hijos | Ninguno |
| Apodo | El Pulpito |
Índice
- Infancia en Bahía Blanca
- Su familia: inmigrantes judíos en la pampa
- La vocación científica y los primeros libros
- De Bahía Blanca a la UBA
- El Pulpito: activismo y cooperativa de apuntes
- Amor y matrimonio con Celia
- El primer viaje a Cambridge y Frederick Sanger
- El regreso al Malbrán y el golpe de 1962
- El exilio definitivo en Inglaterra
- El descubrimiento de los anticuerpos monoclonales
- El Premio Nobel de 1984
- La decisión de no patentar
- Reconocimientos y distinciones
- Sus últimos años y fallecimiento
- Legado y homenajes en Bahía Blanca
- Preguntas frecuentes
Infancia en Bahía Blanca
César Milstein creció en Bahía Blanca durante los años 30 y comienzos de los 40, en un barrio humilde de la ciudad que entonces olía a campo y a costa. Era el hermano del medio: mayor que él, Oscar; menor, Ernesto. Según relatos de amigos de la infancia —como el periodista Mario Gabrielli, que lo conoció desde chico—, el pequeño César era un chico travieso, libre e inquieto que prefería escaparse con sus amigos a robar frutas en las quintas del Parque de Mayo antes que quedarse estudiando.
Cursó la escuela primaria en la Escuela N.º 3 de Bahía Blanca —donde su madre llegaría a ser directora— y completó la secundaria en el Colegio Nacional, hoy conocido como EES N.º 13. No era el alumno más brillante, pero tenía algo más valioso: una curiosidad insaciable y una energía rebelde que, bien encauzada, resultaría extraordinaria.
En su única visita de regreso a Bahía Blanca, en diciembre de 1987, se emocionó al recorrer los lugares de su infancia. Al ver que donde estaban las quintas de su juventud ahora había edificios, exclamó con nostalgia: «Che, pero está todo cambiado. ¿Adónde fueron a parar las quintas?»
Su familia: inmigrantes judíos en la pampa
Los Milstein eran una familia judía de origen ruso-ucraniano que había llegado a Argentina en los primeros años del siglo XX. Lázaro Milstein, el padre de César, emigró desde Rusia siendo casi un adolescente, en 1913, y se instaló en el país con el sueño compartido por tantos inmigrantes: construir una vida mejor en el nuevo mundo.
Lázaro se ganaba el sustento recorriendo el país como viajante de comercio, con largas ausencias del hogar. Aprendió el español con esfuerzo y se estableció en Bahía Blanca, donde se casó con Máxima Vapñarsky, una maestra que llegaría a dirigir la Escuela N.º 3 de la ciudad.
El propio Lázaro describía a su hijo del medio con afecto y algo de perplejidad:
«César siempre fue un chico travieso, un poquito rebelde y muy inteligente. No era demasiado estudioso, pero le iba bien en el colegio.»
La vocación científica y los primeros libros
La vocación le llegó no por el colegio, sino por dos influencias externas. La primera fue una prima mayor que trabajaba en el Instituto Malbrán de Buenos Aires, cuyos relatos fascinantes sobre microorganismos encendían la imaginación del niño en la mesa familiar. La segunda fue un libro que su madre le regaló cuando tenía alrededor de diez o doce años: Los cazadores de microbios, de Paul de Kruif.
Ese libro, que recopilaba las historias de Louis Pasteur, Robert Koch y otros biólogos célebres, fue para Milstein una revelación:
«Era como un libro de aventuras para mí. Como Tarzán, pero más lindo.»
Ese libro cambió para siempre el rumbo de su vida.
De Bahía Blanca a la UBA
A los 17 años, César tomó una decisión audaz: mudarse a Buenos Aires para cursar simultáneamente el último año del secundario y el ingreso a la Facultad de Química de la UBA. Era 1945. Se instaló con su hermano Oscar —que estudiaba Ingeniería— en una pensión modesta del barrio de Avenida de Mayo.
En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Milstein no brilló de inmediato. Según su propia autobiografía, no fue «un estudiante brillante» y llegó incluso a considerar abandonar para no depender económicamente de sus padres. Trabajó por un tiempo como operario en una fábrica, pero lo echaron por llegar tarde de manera reiterada.
Finalmente terminó la carrera en 1952, a los 25 años, graduándose de Licenciado en Ciencias Químicas. Cuatro años después, en 1956, obtuvo su doctorado en Química bajo la dirección del Dr. Andrés Stoppani, un científico que trabajó junto a tres Premios Nobel argentinos. La tesis, sobre enzimas, le valió un premio especial de la Sociedad Bioquímica Argentina. Su madre Máxima la había tipeado en una Olivetti.
El Pulpito: activismo estudiantil y la cooperativa de apuntes
Si hay algo que Milstein recordaba con particular cariño de la UBA era su militancia en el Centro de Estudiantes. Los hermanos Milstein formaban parte de las Juventudes Libertarias, agrupación que dio origen al Centro de Estudiantes de Química. César lo presidió y fue delegado ante la FUBA.
Es en ese contexto donde nació el apodo que lo acompañaría toda la vida: «El Pulpito». Hasta entonces, quien vendía libros y apuntes en la facultad era un librero conocido como «El Pulpo», famoso por sus precios abusivos. César organizó una cooperativa estudiantil para editar apuntes baratos y accesibles, democratizando el acceso al material de estudio. Sus compañeros le pusieron el apodo con afecto.
El gesto prefiguraba perfectamente al hombre que décadas después se negaría a patentar su descubrimiento más importante. Milstein siempre fue coherente con sus principios:
«El conocimiento no pertenece a nadie personalmente. No entiendo por qué un individuo debería beneficiarse personalmente del progreso general de la investigación científica.»
Amor y matrimonio con Celia
Fue en los claustros de la UBA donde César conoció a la mujer de su vida. Entre asambleas estudiantiles y debates anarquistas, se cruzó con Celia Prilleltensky, tan apasionada y combativa como él, también estudiante de Química. Nació el amor y nunca más se separaron.
La propuesta de matrimonio fue todo un retrato del carácter de Milstein. Caminaban de la mano una tarde de sábado cuando él, sin más preámbulos, le preguntó si sabía cocinar. «No sé cocinar y lo odio», respondió Celia. «¿Y lavar?», insistió César. «Eso sí.» «Entonces nos podríamos casar. Yo cocino y vos lavás.» El pacto se cumplió a rajatabla el resto de sus vidas.
Se casaron en 1953. Dos días después de la boda, partieron juntos a Europa e Israel en una luna de miel que fue también un viaje de trabajo. Celia también obtuvo su doctorado —en Cambridge presentó su tesis Estudios sobre tropomiosina de invertebrados, en 1963— aunque resignó parte de su carrera para acompañar a César en el exilio inglés, donde también desarrolló sus notables dotes de pianista.
El matrimonio duró casi cincuenta años, hasta la muerte de César. No tuvieron hijos: Milstein eligió conscientemente no tenerlos para no dividir su atención entre la familia y la ciencia.
El primer viaje a Cambridge y Frederick Sanger
Al terminar su doctorado en la UBA, Milstein obtuvo simultáneamente dos oportunidades: un cargo en el Instituto Malbrán y una beca para estudios postdoctorales en el Laboratorio de Bioquímica del Medical Research Council (MRC) de Cambridge, Inglaterra. Eligió pedir licencia en el Malbrán y aceptar la beca.
En 1958, César y Celia partieron hacia Cambridge, donde trabajaría bajo la dirección de Frederick Sanger, uno de los mayores científicos del siglo XX y uno de los poquísimos en haber ganado dos Premios Nobel. Allí Milstein aprendió a pensar la ciencia en su más alto nivel y completó su segundo doctorado, en 1960, esta vez en bioquímica.
Cambridge le mostró qué era posible cuando había recursos, libertad y excelencia. Pero Milstein no perdió de vista Argentina: en 1961 regresó a Buenos Aires convencido de que podía hacer ciencia de primer nivel en su propio país.
El regreso al Malbrán y el golpe de 1962
De vuelta en Argentina, Milstein asumió como jefe de la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología Carlos Malbrán y comenzó a armar un equipo de investigación. El país vivía un momento de relativa efervescencia científica bajo el gobierno de Arturo Frondizi, con la creación del CONICET y la profesionalización de la carrera del investigador.
Pero el 29 de marzo de 1962, un golpe de Estado derrocó a Frondizi. Las nuevas autoridades militares intervinieron el Malbrán y destituyeron a su director, Ignacio Pirosky. La reacción fue inmediata: prácticamente todos los investigadores renunciaron en solidaridad. Milstein hizo lo mismo sin dudar.
Fue el fin de su vida en Argentina. Frederick Sanger lo esperaba en Cambridge con los brazos abiertos. César y Celia hicieron las valijas en 1963, cruzaron el Atlántico y ya nunca volverían a vivir en su país.
El exilio definitivo en Inglaterra
A partir de 1963, el Laboratorio de Biología Molecular del MRC en Cambridge se convirtió en el hogar permanente de César Milstein. Fue allí donde comenzaría el trabajo que lo inmortalizaría.
Sanger le sugirió que se dedicara al estudio de los anticuerpos —proteínas del sistema inmune que combaten antígenos—. Milstein confesaría con honestidad característica: «Mi ignorancia sobre inmunología era absoluta.» No importó. Se sumergió en el problema con la misma curiosidad aventurera del niño bahiense que leía sobre cazadores de microbios.
En 1983 fue nombrado Jefe y Director de la División de Química de Proteínas y Ácidos Nucleicos de la Universidad de Cambridge, el cargo más alto que ocuparía en su carrera.
Aunque nunca volvió a vivir en Argentina, Milstein mantuvo vínculos afectivos con el país. En sus visitas, siempre se escapaba a la Patagonia, «su gran pasión desde la juventud»: recorría la región de los lagos con Celia, una mochila y una carpa. Sobre su relación con Argentina fue siempre muy claro:
«Gran parte de una persona es su educación. Y yo toda mi educación la hice en mi país. Recién viajé por primera vez cuando tenía más de treinta años.»
El descubrimiento de los anticuerpos monoclonales
Entre 1973 y 1975, César Milstein y su colega alemán Georges Köhler llevaron a cabo el experimento que cambiaría la historia de la medicina. El problema era: ¿cómo producir, de manera controlada y reproducible, anticuerpos de máxima pureza dirigidos contra un objetivo específico?
El sistema inmunológico produce anticuerpos naturalmente, pero en mezclas heterogéneas. Milstein y Köhler desarrollaron la llamada técnica del hibridoma: fusionaron células productoras de anticuerpos (linfocitos B) con células cancerosas que se dividen indefinidamente, obteniendo así células híbridas capaces de producir de forma ilimitada un único tipo de anticuerpo —idéntico, puro y específico—. Lo llamaron anticuerpo monoclonal.
El 7 de agosto de 1975 publicaron sus resultados en la revista Nature, en el artículo «Continuous cultures of fused cells secreting antibody of predefined specificity». Fue uno de los artículos científicos más influyentes del siglo XX.
¿Para qué sirven los anticuerpos monoclonales hoy?
- Oncología: son la base de medicamentos como el trastuzumab (Herceptin) para el cáncer de mama, o el rituximab para el linfoma no Hodgkin.
- Diagnóstico: se usan en pruebas para detectar HIV/SIDA, cáncer, PSA y decenas de enfermedades infecciosas.
- Enfermedades autoinmunes: tratamiento de artritis reumatoide, esclerosis múltiple y otras.
- Trasplantes: ayudan a prevenir el rechazo de órganos y tejidos.
- Veterinaria: diagnóstico y tratamiento de enfermedades en animales.
Cuatro décadas después de su descubrimiento, los anticuerpos monoclonales son la clase de fármacos de mayor crecimiento en la industria farmacéutica global y han salvado millones de vidas en todo el mundo.
El Premio Nobel de Medicina 1984
El 15 de octubre de 1984, César Milstein fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. El galardón fue compartido con el alemán Georges J. Köhler —su colaborador en el desarrollo de los hibridomas— y el danés Niels K. Jerne, por sus teorías sobre el sistema inmune.
La primera en enterarse fue Celia, que recibió la llamada de un miembro de la Real Academia Sueca mientras César estaba dando clases en Cambridge. Las fotografías de ese día muestran a un Milstein radiante, rodeado de colegas que brindan con él. Era el reconocimiento definitivo.
Con este Nobel, Milstein se convirtió en el tercer argentino en ganar un Premio Nobel científico, después de Bernardo Houssay (Fisiología, 1947) y Luis Federico Leloir (Química, 1970). Hasta la fecha, sigue siendo el último.
La noticia llegó también a Bahía Blanca. En la redacción de La Nueva Provincia, el periodista Mario Gabrielli —amigo de César desde la infancia— recibió esa tarde la radiofoto con la noticia que «sería una parte grande de la historia local».
La decisión de no patentar: un acto histórico de generosidad
Quizás el gesto más revelador del carácter de Milstein fue lo que no hizo con su descubrimiento. Cuando desarrolló la técnica de los anticuerpos monoclonales, tenía en sus manos una patente que habría valido centenares de millones de dólares. Eligió deliberadamente no registrarla, por considerar que el conocimiento científico es patrimonio de la humanidad.
Su posición era filosófica y firme:
«Debo enfatizar que un científico no debería aplicar para patentes personales. Parte del dinero que se obtenga debería ser reciclado en investigación básica y no en el bolsillo de individuos. El conocimiento no pertenece a nadie personalmente.»
La historia tiene, sin embargo, un capítulo amargo. Milstein compartía generosamente muestras de su trabajo con científicos del mundo entero, pidiendo solo que se reconociera el origen y no se cediera a terceros. Pero Hilary Koprowski, un científico polaco-estadounidense, patentó el descubrimiento como propio y se hizo millonario. Fue uno de los casos más comentados de apropiación indebida en la historia de la ciencia.
Milstein perdió una fortuna, pero no su integridad.
En 1986, fundó junto al científico argentino Claudio Cuello y al empresario Martín Varsavsky la empresa de biotecnología Medicorp Sciences, radicada en Montreal, pionera en pruebas de diagnóstico para el HIV/SIDA, el cáncer y el PSA.
Reconocimientos y distinciones
A lo largo de su vida, César Milstein recibió numerosos reconocimientos de primer nivel internacional:
| Año | Distinción |
|---|---|
| 1975 | Publicación del artículo fundacional en Nature |
| 1980 | Premio Robert Koch (Alemania) |
| 1983 | Jefe y Director de la División de Química de Proteínas, Cambridge |
| 1984 | Premio Nobel de Fisiología o Medicina |
| 1987 | Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca |
| 1987 | Declarado Ciudadano Ilustre de Bahía Blanca |
| 1993 | Premio Konex de Brillante (junto a René Favaloro) |
| 1999 | Última conferencia en Argentina: «La curiosidad como fuente de riqueza» |
| 2021 | El gobierno argentino declaró el año como «Año de Homenaje a César Milstein» |
Fue también Fellow de la Royal Society del Reino Unido, una de las instituciones científicas más antiguas y prestigiosas del mundo.
Sus últimos años y fallecimiento {muerte}
Los últimos años de César Milstein transcurrieron en Cambridge, donde siguió vinculado a la investigación científica hasta el final. Su curiosidad permaneció intacta: el título de la última conferencia que dio en Argentina, en diciembre de 1999 en la UBA, lo resume perfectamente: «La curiosidad como fuente de riqueza».
Para él, hacer ciencia era siempre una aventura en lo desconocido, que requería al menos tres herramientas: pasión, ilusión y plena dedicación.
La noche del 24 de marzo de 2002, César Milstein murió en Cambridge víctima de una afección cardíaca. Tenía 74 años. Celia, su esposa y compañera de toda la vida, estuvo a su lado. «Se fue serenamente», fueron sus palabras.
Para la ceremonia fúnebre, su sobrina nieta Ana Fraile —quien más tarde dirigiría el documental sobre su vida— eligió leer un fragmento del cuento Un mar de fueguitos, del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Ese texto, que describe los fueguitos que cada persona enciende en el mundo, inspiraría el nombre del documental: Un fueguito: la historia de César Milstein (2010).
Legado y homenajes en Bahía Blanca
El legado científico de Milstein es inmenso. Los anticuerpos monoclonales son hoy la base de centenares de medicamentos que salvan millones de vidas cada año, en hospitales de todo el planeta.
En Bahía Blanca, su memoria se mantiene viva de múltiples formas:
- La Universidad Nacional del Sur lo cuenta entre sus Doctores Honoris Causa más célebres.
- El Municipio de Bahía Blanca le dedica una sección completa en su sitio oficial con una línea de tiempo de su vida.
- Escuelas, bibliotecas y espacios culturales de la ciudad llevan su nombre.
- El documental Un fueguito (2010), dirigido por Ana Fraile y Lucas Scavino, fue declarado de Interés Nacional por el Ministerio de Educación argentino.
- Google Argentina lo homenajeó con un Doodle el 8 de octubre de 2010, en el 83.º aniversario de su nacimiento.
- En enero de 2021, el gobierno nacional declaró ese año como «Año de Homenaje a César Milstein».
En un plano más filosófico, Milstein dejó algo quizás más valioso que cualquier premio: el ejemplo de un científico que antepuso el bien común al beneficio personal, que se formó en la universidad pública argentina y reconoció esa deuda de por vida, y que entendió la curiosidad no como una virtud íntima sino como la fuente de riqueza más genuina de la humanidad.
Bahía Blanca le debe mucho a ese chico travieso de la Escuela N.º 3. Y él, hasta el final, reconoció que le debía mucho a Bahía Blanca.
Preguntas frecuentes sobre César Milstein {faq}
¿Dónde nació César Milstein?
César Milstein nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 8 de octubre de 1927.
¿Por qué ganó el Premio Nobel?
Ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1984 por el desarrollo de la técnica para producir anticuerpos monoclonales, junto a Georges Köhler y Niels Jerne. El descubrimiento revolucionó el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como el cáncer.
¿Qué son los anticuerpos monoclonales?
Son proteínas producidas en laboratorio, idénticas entre sí, diseñadas para reconocer y atacar un objetivo biológico muy específico. Son la base de tratamientos modernos contra el cáncer, enfermedades autoinmunes, trasplantes y muchas más.
¿Por qué se fue Milstein de Argentina?
En 1962, un golpe de Estado contra el presidente Frondizi provocó la intervención del Instituto Malbrán. Milstein renunció en solidaridad con sus colegas y aceptó la invitación de Frederick Sanger para regresar definitivamente a Cambridge.
¿Milstein patentó los anticuerpos monoclonales?
No. Eligió deliberadamente no registrar la patente por considerar que el conocimiento científico es patrimonio de la humanidad. Esta decisión le costó perder una fortuna millonaria cuando otro científico, Hilary Koprowski, patentó el hallazgo como propio.
¿Dónde estudió César Milstein?
Hizo la primaria en la Escuela N.º 3 y la secundaria en el Colegio Nacional de Bahía Blanca. Se licenció y doctoró en Química en la UBA. Obtuvo un segundo doctorado en bioquímica en la Universidad de Cambridge en 1960.
¿Cuándo y cómo murió César Milstein?
Falleció el 24 de marzo de 2002 en Cambridge, Inglaterra, víctima de una afección cardíaca, a los 74 años. Su esposa Celia Prilleltensky describió el momento como sereno.
¿Tuvo hijos César Milstein?
No tuvo hijos. Lo eligió conscientemente para no dividir su atención entre la familia y la ciencia. Se casó con Celia Prilleltensky en 1953 y el matrimonio duró hasta su muerte.
¿Volvió alguna vez a Bahía Blanca?
Su último regreso fue en diciembre de 1987, cuando recibió el Doctor Honoris Causa de la UNS y fue declarado Ciudadano Ilustre. Recorrió los lugares de su infancia y fue recibido con enorme emoción por toda la ciudad.
¿Es Milstein el único Nobel de Bahía Blanca?
Sí. César Milstein es el único Premio Nobel nacido en Bahía Blanca y el tercer y último argentino en ganar un Nobel científico, después de Houssay (1947) y Leloir (1970).
¿Qué apodo tenía Milstein en la universidad?
«El Pulpito». Lo ganó al fundar una cooperativa de apuntes en la UBA para competir con un librero abusivo conocido como «El Pulpo». El apodo lo acompañó el resto de su vida y refleja perfectamente su espíritu solidario.
¿Existe algún documental sobre su vida?
Sí. Un fueguito: la historia de César Milstein (2010), dirigido por Ana Fraile y Lucas Scavino, fue declarado de Interés Nacional por el Ministerio de Educación argentino. Incluye testimonios de su esposa Celia y de colegas de Cambridge.
Fuentes: Wikipedia (es), Municipio de Bahía Blanca (bahia.gob.ar), La Nueva Provincia, Infobae, Universidad de Buenos Aires (UBA), Casa Rosada, Fundación Konex, Billiken, Elsevier Inmunología.
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